La Misa Gregoriana se ofrece exclusivamente por el alma de la persona difunta por treinta días consecutivos, durante los cuales el sacerdote celebrante no puede aplicar intenciones con estipendio por otros difuntos en la Misa, es decir, no puede recibir dinero por otras intenciones de misas de difuntos.
Por ello es que se suele solicitar una ofrenda: para ayudar al sustentamiento del sacerdote en su tarea pastoral y su vida cotidiana durante esos días (la ofrenda equivale a lo que se daría por treinta misas individuales, una por día) y es lo que un sacerdote, mínimamente, usaría durante el mes para vivir: 300 dólares (o su equivalente en otra moneda), que es lo que la Santa Sede fija.
En el caso de no poder ofrecer ese dinero, se puede ofrecer algo similar como para que el sacerdote pueda subsistir durante el mes.